jueves, mayo 09, 2013

XIV. Huir de mí


Jacob:
Escribo esto porque soy de las que creen que el viento se lleva las palabras. Siempre busco la eternidad a pesar de tenerla. Quizá porque continuamente dudo en si la merezco. Sin embargo hay más de una incertidumbre que me mata. Y no he podido decirte las palabras que esperas y que yo misma espero. El peso de este corazón se vuelve más y más denso. No aguanto más, Jake. Decidí que si tú me lo has dicho, por qué yo no habría de ser lo suficientemente valiente, debo serlo. A estas alturas no sé cuál sea un acto valeroso, si quedarme o huir.  
Te quiero.  Te quiero por todo lo que eres,  tus memorias y anhelos. Por cada sonrisa que ilumina tu rostro, cada tristeza, cada momento de valentía. Te quiero, Jacob y no espero que me entiendas. Sé que has dicho que de mi parte no esperas nada, ni yo lo espero de tu  parte, nuestro tiempo no ha llegado, puede que sea eso. Igual sé que sólo tú comprendes mis palabras abstractas, surrealistas. En estas cosas no se manda, y aún así si tuviese elección, te elegiría. Decir que te quiero es mi forma sutil de agradecer tu existencia. Supongo que así es como debía ser, no siempre hay casualidades, mi corazón palpitante no lo es, hay una razón más fuerte que mi nodo sinusual*[1] como para que éste lata, y me proporcione la vida…
No imagino al mundo sin tu presencia.
Te quiero, sólo eso.

Renesmee C.
Me liberé. Escribí tal carta justo detrás de la primera hoja de mi libro de Alexandre Dumas. La dejé ahí, no me atrevía a arrancarla. Eché una rápida mirada hacia el reloj: 4:43 am.
Aquella noche (¿o he de decir madrugada?) era fría, comenzaba a llover y las gotas de su precipitación se escuchaban al estrellarse con la ventana. Los rayos estruendosos me hacían temblar hasta estremecerme.
De a poco se calmó la lluvia exterior, pero mi lluvia interna seguía perenne al igual que mi preocupación.
Sólo quedaba esperar. ¿A qué, a mi posible muerte? No. No iba a quedarme a esperar la muerte, apresuraría el momento.
Conseguí una maleta pequeña pero con el suficiente espacio para lo necesario. Luego de meter ropa, libros, tenis y demás cosas importantes me di a la tarea de dejar una nota en el libro antes escrito donde indicaba que debía ser entregado a él. Lo deposité en el centro de la cama para que fuese visible para cualquiera. Me dirigí al estudio de Carlisle, sabía dónde buscar los documentos que necesitaba para poder salir del país. Rápidamente los hallé y los metí igualmente a mi maleta vieja. Luego la escondí con cuidado entre el armario hasta que pudiese hacer uso de ella.

Después de esta noche me quedaba claro que todo podía pasar. Deseaba más que nada un poco de paz…
Mi familia al bajar a la sala de estar se notaban apurados, con una expresión vacía. No me era grata esa imagen. Sabía cuánto intentaban estar “bien” por mí, sólo por mí. Pero eso me daba justo el efecto contrario.  
—¿Cuánto tiempo más? —atiné a preguntar.
—Medio día, un poco más quizá.
Los miré nuevamente.
—¡Basta! Dejen de preocuparse. No hay nada de peligro en esto, carajo.
Luego de decir eso se quedaron perplejos, estupefactos, yo estaba enfurecida, me fui del lugar corriendo. Ninguno se molestó en gritarme para traerme de vuelta, mucho menos se atrevían a  seguirme. Corrí. Me aniquilaba una desesperación abismal, más y más, deseaba golpear algo hasta quedar sin fuerza física, al fin y al cabo la fuerza de voluntad era casi nula. Me detuve un momento y mi cuerpo tembló tanto que los pasos consecutivos me hicieron dejarme tirada. Como pude me adentré a La Push.
 Alguien se acercó a mi lado y miré de reojo, un chico algo desaliñado, por supuesto era Seth.
—¡Hey, Nessie!
—Ah… Hola Seth.
—¿Cómo va todo? Suenas desanimada.
—Desanimada es un adjetivo muy pobre.
Torpemente se acercó y me propició unas palmaditas en el hombro. Supuse que no sabía qué decir. Seth tal vez no lo entendería, pero era un buen amigo y apreciaba su compañía. Hay compañías que a pesar de que uno necesita plena soledad, no molestan, sino que hacen más soportable el vacío.
—Lo sé. Algo me contó Jake, él está igual o peor que tú. No ha habido mucha tranquilidad en nuestro mundo, vaya cosa… No te desanimes o cualquier maldita palabra que sea, ¿sí? Mantén la calma. Como sea, la manada está lista para pelear, si es necesario.
—No es una pelea lo que necesito, pero se los agradezco mucho, son como mi segunda familia. Sentir su apoyo me basta. Sé que no hay peligro pero hay un tipo de intuición que me dice “Renesmee, huye, huye ahora”. ¿Muy idiota, no? ¡Bah! Ya no sé si escucharme a mí misma o no, creo que estoy perdiendo la cabeza… Por cierto, ¿Jake está…?
—En casa, puedo acompañarte hasta allá.
—No, no, no es necesario. Le veré después. Hoy será un día difícil, ya no quiero incomodarlo. Debo volver a casa, salí molesta y sin avisar. Cuídate, Seth.

Nos despedimos con un “hasta al rato” y un abrazo ligero. Por mi parte me despedí de La Push, de Forks, de Jacob, de todo. Puede que volviese pronto o que no lo hiciera nunca más. El destino podría depararme distintos caminos.
Esperaba que no hubiese nadie en casa, así podría salir de ahí, ésa era mi coartada. A pesar de que mi familia me había dado la opción de irme, sabía que alguno de ellos tendría que venir conmigo, por consiguiente correría peligro, cualquiera que fuera. Demente o no, si mi yo interior me decía “huye”, no hay duda, huiría. Ante el instinto humano -si es que me está permitido decir "humano" en mi caso- no hay barreras. 
En efecto, nadie en casa. Era el momento para tomar la maleta que antes había preparado, no tuve mucho tiempo,  sólo me aseguré de no dejar rastro de adónde me dirigía. Salí de casa, de a poco cerré la puerta de entrada…
—¿Te vas?
¡Maldita sea! ¡Jacob!
—No.
—¿Vas de día de campo, entonces?
—No seas absurdo. Día de campo aquí, en el lugar más soleado del mundo entero, y más aún en éste preciso momento.
Me tomó por los dos hombros y comenzó a agitar mi cuerpo de adelante hacia atrás para hacerme entrar en razón.
—Renesmee no voy a dejarte marchar, de por sí es estúpido quedarse, pero irse… ¿¡IRSE!? ¡Estás completamente loca!
—Lo sé, me lo dije antes de que llegaras. ¡¿Pero por qué eres tan inoportuno?!
—Creo que lo sabes—su voz se tornó a un tinte más dulce—y por eso no puedo permitir que te vayas. No es nada sencillo sobrellevar el miedo de perderte.
Me inundó un calor y bajé la vista.
—Vas a estar bien, Nessie. Tú y todo lo que te hace estar de tal forma lo estará.
—Huye conmigo, Jacob.
—No sería justo abandonar a tu familia, y a la tribu de tal manera.
—No comprendes, si me voy, ellos sabrán que no estoy aquí, que por consiguiente tú tampoco lo estás. Y eso hará que no tengan más que ver aquí, se irán… Dejarán a nuestra familia en paz. O bueno, al menos me dan tiempo de salida.
—Afuera hay cosas mucho más terribles que los Vulturi, no me pidas verte marchar. Yo sólo puedo protegerte donde estás, no donde escapas de mis manos.
—No hubieses llegado ahora, Jake. Me obligas a quedarme, o a llevarte conmigo. Entiendo, no vas a mover un dedo… No es cosa sencilla, ya no más.
—La decisión es toda tuya.
—Ya no.
Lo miré fijo a los ojos deseando que decidiera ir conmigo, yo ya no podría quedarme, la decisión estaba tomada por mi parte. Aunque la parte “mía” era la de menor proporción. Y puede que Jake no tuviera deseos de ir. Se acercó más a mí, soltó un suspiro y posó su frente en mi hombro izquierdo.
—Necesitaré ropa y comida, mucha comida.
Solté un grito ahogado de felicidad, lo tomé de la cara para besarle las mejillas. La seguridad volvía a mí. Con la seguridad regresó la esperanza.
—Ahora dame tu maleta. ¿Qué traes… piedras? —fingió un gemido.
—Pues a decir verdad tengo una colección…
—No sabía que coleccionaras piedras.
—¡No lo hago! ¡Cabeza de alcornoque!
—Oye, oye…
—Lo siento—me reí estruendosamente, el recuerdo me hizo callar—Se hace tarde. ¿Cuál es el plan?
—Improvisar.

El crepúsculo se veía cercano. Mi crepúsculo también.
No tenía miedo, o eso creía. Hasta no vivirlo en carne propia de nuevo no sabría definirlo. No es como si fuese a morir en ese preciso momento, o alguien de nosotros. Era un presentimiento distinto, pero como todo presentimiento era por no decir absurdo, apresurado. A destiempo.
Estar sola en casa me hacía deprimirme demasiado, me gustaba estar conmigo, pero con la “yo” que sonreía con frecuencia y tenía pensamientos de trivialidades bárbaras y divertidas. Ésa se había atenuado, andaba como cansada de la vida. Y eso que apenas si había vivido. Por ello me alegraba ir de camino lejos de la soledad con Jacob, porque sólo él sabía acompañarla, abrazarla.
Como “flashback” recordé tiempo atrás cómo mi madre prevía que de no salir bien la situación yo debería partir de ahí junto con Jacob, e irme de ellos… tal vez para siempre. “Te amo” dijo. “Más que nada.”
Me aferré al relicario, aquella y ésta noche. Lo llevaba colgado al pecho, junto muy junto al corazón. Siempre estaríamos juntas, incluso cuando no. Ella se despedía de mí, pero yo no pude emitir ningún adiós. Ni podría hacerlo justo ahora. Ojalá entendiera porqué me iba y no hiciera nada estúpido, nada que yo no haría. ¡NO! Corrección, yo era la que hacía las cosas más estúpidas, sería mejor que no hiciera nada de lo que yo haría.

Jake me dejó oculta tras unos arbustos detrás de su casa, él se metió para sacar lo indispensable. No supe si dejó alguna nota porque salió casi enseguida y partimos corriendo esperando pasar desapercibidos. Recorrimos alrededor de 20 kilómetros cuando me pidió que nos detuviéramos.
—Es mi turno de llevarte.
—Puedo correr rápido, descuida, no es ningún problema para mí.
—Lo siento, no es opcional.
Se puso de espaldas a mí para quitarse la playera, preferí darme vuelta también y darle más privacidad. Ni siquiera escuché su paso, sólo sentí su pelaje suave tocando mi piel. Le di unas palmaditas en el lomo. Era un animal precioso.
—Hora de irnos.
Las siguientes horas ni siquiera las vi pasar, iba aferrada al lomo del lobo. Él no sólo me llevaba en los hombros, también cargaba a mi mundo entero junto conmigo y yo estaría agradecida por la eternidad. 
Oregón fue el primer sitio donde nos detuvimos. La multitud de gente era exuberante, en Forks la población era muy pequeña y eso me gustaba. Buscamos algo que fuese más ad hoc a lo que estábamos acostumbrados pero en una ciudad tan grande no fue cosa sencilla. A través de algunos enormes cartelones de publicidad dimos con la región de Takilma donde hallamos un hotel arbóreo. Ya en el sitito, bueno, qué decir, la vista era impresionante. Soberbio paisaje. Juntaban a la naturaleza con la mano del hombre de una forma armoniosa. Además, por suerte, no era tiempo de vacaciones, lo que hacía que el lugar fuese tranquilo. Nuestra casa de árbol estaba situada en un roble fuerte, único en su clase. Ahí nos hospedaríamos un día o dos, según como fuese transcurriendo la situación. 
Para dar con la entrada de nuestro pequeño dormitorio había que pasar por un puente amaderado que daba a su balcón. Jake entró y situó nuestras cosas en la única mesa que había. Yo seguía maravillada con el balcón, ni siquiera podía entrar a la casa. El aire fresco, limpio. La tenue luz que se divisaba entre las copas de los árboles y se iba degradando a medida que bajaba del cielo. Era un escenario indefinible. No era como tener nuestro hogar, uno cualquiera cerca de un bosque, esto era tener un bosque como hogar...
—Ven.
Tomó mi muñeca adentrándome a la casa. No tenía ansias de apartarme de aquél escenario, pero opté por entrar, conocer lo que sería mi hogar por algunas horas. Las paredes eran blancas, daba un aspecto limpio, frío si se miraba demasiado pero impecable.
—La cama es mía.
—¿Sólo hay una?
—Y un sofá, ¿basta, no?
—No sé, pregúntatelo a ti mismo.
—Ness… la cama era mía.
—¡Qué listo! ¡Era! —me reí—Sólo bromeo. Duerme donde desees. No siento que Morfeo llegue pronto a mí.

La cama estaba en una parte alta, Jacob estaba algo cansado así que tomó una ducha rápida y fue a dormir. Yo me quedé viendo el lugar, pensando. Por suerte encontré un pequeño baúl con libros dentro. Decenas. Tomé uno cualquiera. Eso ayudaría a disipar mi acrecentada locura. En realidad no estaba nada preocupada, ni un ápice. Estando Jake conmigo me haría invencible. Debía creerlo.
Abrí el libro y olisqueé como acostumbraba, su olor era agridulce por lo viejo. Era una antología de poesía de una autora que no recordaba haber escuchado, Wislawa Szymborska.

“Ambos están convencidos
de que los ha unido un sentimiento repentino.
Es hermosa esa seguridad,
pero la inseguridad es más hermosa.”

¿La inseguridad podría ser hermosa? Cavilé. Lo era. La inseguridad te hacía arropar con agallas al sentimiento, no soltarlo, agarrarlo con todas las fuerzas. La inseguridad es hermosa si se sabe llevarla por buen camino, de mano de la fe y la espera. Es hermoso no saber que uno amanecerá al día siguiente porque no se preocupa por ello sino sólo por ser feliz sin darse cuenta, ejerce su cotidianidad sin precedentes…
Con tal razonamiento me fui a acostar, Jake ya soñaba. No conmigo. Estaba muy cerca como para que pensara en mí. Acaricié su cabello, era suave, sedoso. El tacto me provocaba una descarga eléctrica en todo el cuerpo. Dije “Gracias”. Sabía que extrañaría Forks, La Push, a los Black, su manada... Un simple agradecimiento no bastaría. Ni para él, ni para mi familia que dejé a la deriva. Ojalá no lastimase a nadie, ni a mí. No había vuelta de hoja. Me acurruqué a la orilla de la cama entre mares de pensamientos melancólicos, puede que llorara, no supe si el llanto seco se define como “llorar”, al final me perdí en un sueño profundo.

“A lo lejos se escuchó la cerradura de la puerta principal, un forcejeo.
—¡Renesmee!
—¿Es hora?
—Lo es.
Era la misma imagen de años atrás, la misma, excepto por la el suelo cubierto de nieve. Curiosa reunión familiar. Nosotros tomamos el lugar que nos correspondía, no como posición de batalla. Pelear no era el plan.
No vi ningún lobo, excepto Jake, pero él ahora se postraba a un lado mío, muy cerca, podía escuchar su palpitar, pero era obvio que no era una taquicardia a razón del miedo. Sigiloso pasó sus dedos entre los míos, tomó con fuerza mi mano. Me relajó su contacto.
Un minuto más, un abrir y cerrar de ojos.
Y ahí, de frente, ellos…

Marchaban armoniosamente, casi danzando. Era su forma de mostrar cuán ególatras podían llegar a ser. Avanzaban lento, no había ápice de ansiedad, ni presión. Su seguridad daba temor.
Aro me tendió una mano a lo lejos, yo sin dudarlo me acerqué. Solté a Jacob despacio para sentir su último roce. Él no quiso detenerme, mis padres tampoco lo hicieron. Después de todo, la supuesta confianza que ellos tenían era una forma de respaldo.
—Mi pequeña Renesmee, eres aún más hermosa de lo que recuerdo. Tus dones no escatiman.
—Y yo apenas si te recuerdo.
—¡Oh! No es necesario que me recuerdes, no a mí, de qué valdría la pena.
—Me complace mucho su visita.
—A nosotros nos complace mucho más volver a verte.
Aro se inclinó hacia mí y tomó mi mano para besarla. Extraño gesto.
—No hay de qué preocuparse, como dije, es sólo una grata visita. Permítenos hablar a solas con tu querida familia.

Asentí, me retiré como derrotada. ¿Qué había sido todo eso? ¿Un engaño? Para nada esperaba un acto pacifista. ¡Vaya forma de burlarse de mí! Me sentí tan decepcionada.
Pero mejor una tregua a una guerra. Algo en mí volvió a su lugar, tranquilizándome. Puede que me haya equivocado pensando en catástrofes de grandes proporciones. La gente puede cambiar…

Supongo.”




[1] Se refiere al nodo que transmite el impulso eléctrico al corazón, hace que éste se contraiga y relaje, es decir, lata.

lunes, julio 09, 2012

VII. De irrealidades

Me acomodé de frente al pequeño caballete de madera, era ya de mañana, coloqué un lienzo en blanco y preparé mis pinceles.
Escogí ese día para ir a pintar a First Beach, nadie me acompañó, necesitaba un momento para mí.
 Primero un bosquejo tenue con lápiz porque no siempre se está seguro, y uno que otro borrón cuando necesitas hacer como que no te has equivocado, o por mejor dicho, hacer que aquello no te importe. Los colores en la paleta se envolvían. Empecé con el fondo azul cielo, necesité de un violeta muy claro para simular la montaña que cubrían las nubes blanquecinas. No había sol como siempre. Pero al menos tampoco había lluvia. Un contraste en sombras, unas pinceladas verde esmeralda para el bosque, otras en verde brillante.
Había terminado en menos de lo esperado. Pero sólo la base. Cuando hube acabado de limpiar el material me recosté en el suelo tapizado del mismo verde. Buscaba eternizar mi momentánea paz interior en un cuadro.
—Decir que pintas bien no es nada.
Esa voz…
—¿Cómo me encontraste, Jake? — Me senté y él me imitó.
—No fue difícil adivinarlo. Sólo tuve el deseo de venir aquí, luego te percibí, ese olor dulzón que emanas no lo produce cualquie… —me lancé a sus brazos antes de que terminara la frase, él se tambaleó un poco y luego me  sostuvo.
Encontré su cuello cerca de mí y le besé por impulso. Él se estremeció, pareció causarle un cosquilleo pero no me reclamó en lo absoluto. Volteé, luego sobrepuso sus brazos sobre los míos, se inclinó para voltear mis manos y dibujar con sus dedos en mis palmas, recorría cada bifurcación en ellas. Aquél punto de contacto lo mantuve aún después de que dejó de tocarme, era un cosquilleo perdurable.
—Contigo siento mi soledad acompañada— musité.
—Me complacería más que tu soledad no volviera.
—No es algo de lo que uno se deshaga en compañía de alguien, sin embargo, hay quienes son capaces de hacernos olvidar la carga que es nuestra propia soledad; hay quienes sin duda, pueden hacernos despegar los pies de la tierra.
—Tú eres una de esas personas.
Le miré sorprendida por su comentario, tragué saliva y me aventuré a preguntar.
—Jake… alguna vez… —me era difícil soltar la pregunta, mi boca la aprisionaba— tú… ¿te has enamorado?
No quise ver su reacción, sólo esperé a que contestara, pero por la tardanza supe que le incomodaba.
—Más que sólo eso.
“Más que sólo eso”; resonaba en mi cabeza como si fuesen un eco esas cuatro palabras, chocaban en las paredes de mi mente cual ondas sonoras. Resonaba igual el latido de mi corazón, era una latido determinante. Me bastaron dichas palabras en conjunto para entender que lo suyo no era un enamoramiento cualquiera, de esos en que las parejas se juran perennidad pero cruzan los dedos fuera de la vista, los tontos que se creen locos, los que creen su grandeza sin saber que es resultado de un mundo diminuto. No, lo suyo no era eso. Lo suyo era amor.
Yo nunca había tenido un contacto directo con el amor. Pero lo anhelaba. Anhelaba que alguien pudiera amarme así, y no porque yo le amara.
Jacob me miraba con atención, pero al ver que él seguía sin hablar disipé la conversación y volví al caballete. Me siguió de forma tan sigilosa que al dar vuelta salté del susto.
—¡JACOB!— agarré la paleta con los óleo en varios tonos aún en ellos y después de tomar con los dedos la pintura se la embarré en el rostro— ¡Toma eso!
—¡Nessie, no! Ahora verás…
Me tomó por la cintura y me subió a su espalda, mis forcejeos no eran nada a comparación de su fuerza al sostenerme. Dio varias vueltas haciendo que me mareara.
—Si planeas matarme necesitarás algo mejor que eso— terminé de decirlo y caí de espaldas.
—¿Tú crees? Bueno, tú sola ya lo haces bastante bien. Me ahorras de mucho— se carcajeó e hice lo mismo, hasta que sentí un dolor en el abdomen.
—¡Basta, basta! —Di un gran respiro y exhalé con fuerza varias veces para calmar la risa— No te quedó tan mal… ve el lado bueno.
—¿Qué lado bueno puede tener esto? —dijo levantando una ceja.
—Pues te ves más colorido— le guiñé el ojo.
Se mordió los labios queriendo reprimir una curvatura en ellos.
—Pues a ti es a quien le hace falta color, un bronceado no te vendría mal.
—¡Ah! Claro, Jake. Con el hermoso sol de Forks, tan abrasador.
—Sólo bromeó, no está mal— acercó su cara a la mía y pude sentir una hiperventilación acompañada de una arritmia que me golpeaba sutilmente, cerré los ojos por inercia, sentí como su mejilla tocaba la mía, y se apartó— pero ahora luces mejor.
Me toqué la cara, y sí, me había llenado de pintura al contacto. Después de todo me alivió saber que sólo era eso por lo que se había acercado.
Cambiamos el tema repentinamente.
Yo comentaba sobre mi regreso a la escuela, en realidad sería la primera vez que pisase un instituto. Hasta entonces mi padre me daba clase, me enseñaba diariamente por la mañana sobre las principales asignaturas, con el paso del tiempo yo preferí estudiar por mi cuenta y fui convirtiéndome en autodidacta. A veces leía un libro al día, era exceso, pero era el vicio más “saludable” que podría tener, algo que me enorgullecía pero más que eso, me satisfacía por completo. Los libros variaban entre literatura y ciencias en general. En conjunto mis padres tenían una biblioteca extensa, me obsequiaron sus libros y adaptaron un lugar en la casa que sería mi biblioteca personal, yo tenía además un librero pequeño en mi recámara donde sólo ponía mis preferidos.
Pero llegar a un salón repleto de pupitres y gente. ¡Gente! Con lo antisociable que era no me venía bien, no sabría desenvolverme con libertad. Me aterraba toda esa idea. Yo no era como cualquiera, cosa que me impedía relacionarme con cualquier otro humano que no fuese de la familia. Sí, mi inseguridad era causa de ser una híbrida, tenía un cierto nivel de autismo. Pero aquella era una experiencia que tenía que vivir de cualquier forma; aún no estaba decidido en qué nivel escolar entraría

Terminé de hablar sobre mis múltiples problemas sociales y él puntualizó los suyos.

—No eres la única, Nessie. Cuando asistía al bachillerato las cosas se tornaron sombrías, al principio era como cualquiera y los demás solían serlo también. Ya sabes, una bellísima vida aburrida y rutinaria pero tranquila. Era simple, estudiar, hacer mis deberes en casa ayudando a Billy, a veces le escribía a mis hermanas pero ellas pocas veces lo hacían, ir a La Push para surfear o a tirarte del acantilado.
Pero el hecho de que tu familia vampírica regresó a Forks desató esas metamorfosis. Uno a uno fue convirtiéndose en lobo, su interior cambiaba drásticamente. Se exacerbaron sus emociones y con ello su soledad.
“ Me era tan estúpido creer en cualquier “leyenda” Quileute. Pero lo vi con mis propios ojos, y lo vivo aún en carne propia. ¿Y luego? Luego me aterraba mi ser, no me sentía yo mismo, una parte de mí era otra cosa, no lo controlaba y por eso lo odiaba, en lugar de controlar yo esa parte, ella me controlaba a mí… Tanto tiempo me oculté por ello, temía dañar a quienes más amaba, aprendí sosegarme. Y ya sabrás, como es usual en un adolescente prematuro, me equivoqué. Pero acepté lo que soy, sin importar la forma— alargó esa última palabra para darle más énfasis.
—Ya sabes que yo te quiero—soltó mi boca sin aviso, casi suspirando más que hablando.
—¿Sin importar la forma?
—Sin importar la forma—asentí— La forma suele ser pura banalidad, lo que importa siempre es la esencia, Jake. Tu esencia es encantadora.
—Sé eres la única que lo entiende— alzó la mirada hacia mis ojos y continuó—eres tan distinta, y al mismo tiempo tan similar a mí que puedo sentirte. Es curioso que sin tocarte te sienta, y que al cerrar mis párpados pueda observarte más intensamente, como si te supiese de memoria, Nessie.

Recayó en mi boca un silencio que me llegó hasta  el corazón. O quizá a la mente; qué iba a saber yo con qué órgano sentíamos al amor, con qué órgano sentía todo cuando Jake me causaba justo entonces. Se produjo un nuevo aire entre nosotros, hubo un golpeteo como ningún otro en mi pecho que decía una y otra vez “quédate”; él buscaba mis ojos como si fuesen un cielo estrellado y tratase de ubicar constelaciones imprecisas, pero yo le evitaba como a tantas cosas en la vida que no se pueden evitar. Cuando me penetró su mirada sentí nacer un fuego en mí. ¿Sería posible? Puede que nunca haya sido consciente de ello, tanto, tanto tiempo…

Llegó a nosotros la joven noche llenándonos los ojos con una luz de luna que apenas si nacía de ella que se aferraba al cielo, que esperaba inútilmente a alguien que no llegaría para verla brillar entre penumbras.

martes, junio 15, 2010

XII. Desconcierto ameno.

Distinguí una a una las voces que alcanzaba a percibir. Eran Carlisle, Alice y mis padres. Éstos últimos se notaban precupados y como era de esperarse, exageradamente.
Después de una larga plática acerca de mí todos se marcharon. Nunca me gustó oir acerca de mí, mucho menos cosas tristes, pero hoy la ocasi+on lo ameritaba.
Abrí los ojos y sólo quedaba Carlisle. Me miró atónito por un segundo y me mostró una gentil sonrisa. Lo hacía para que no sospechara, quizá tenía algo de gravedad... pero sin duda, ese adorno en la cara me calmaba. Tocó mi frente, su mano era igual de fria que un hielo o tal vez más, pero también, yo por lo menos era más cálida.
-Ya estás mejor.
-¿Qué me sucedió?-pregunté totalmente desconcertada. Solo recordaba que me había quedado platicando con mi padre y después... nada, absolutamente nada.
-Tuviste un desmayo a causa de la impresión, pero no te preocupes para nada. Sólo quedate en la cama reposando.
-Gracias.
Odiaba reposar, era una chica muy inquieta, no podía estar quieta solo reposando. Carlisle lo sabía y me advirtió que no lo hiciera.
-Será mejor que evites estar vagando por los alrededores. No hay razón para preocuparse Nessie.
Sí había razón. No exactamente yo con mis repentinos desmayos... era peor, mucho peor. Claro es como cuando dicen en los medios de comunicación de los desastres, pero no pasa nada. Hace tanto tiempo que "no pasa nada" y sigue pasando delante de nuestros ojos. Que tontería...
-Volveré más tarde.
Carlisle se dio la vuelta y antes de que pudiera tocar la puerta lo llamé. Algo me incomodaba.
-¡Abuelo!-Me miró enseguida preocupado.-¿No... no ha llamado nadie?
Parecía saber a qué me refería, soltó una risita antes de contestar.
-Sí te refieres a Jake, no, aún no ha llamado.
-¡No! Yo no... no lo decía por él sino que...
-Aunque lo intentes no sé puede ocultar, es inevitable.
¿De verdad se notaba tanto? Quizá es cierto, algunas cosas no se pueden ocultar y encabeza la lista los sentimientos. Sobre todo éste que me estaba atormentando día y noche.
-¡Calmate Bella, lo arreglaremos todo!
-¡¿Qué piensas hacer?!
Escuché gritos en la habitación anexa; eras mis padres. Como era de suponerse mi madre estaba no molesta, sino furiosa.
-¡No permitiré que le hagan daño a mi hija por ningún motivo!
-No seas absurda ¿Crees que yo dejaría que suceda algo?
-¡No soy absurda, soy realista! Me preocupa Nessie...
Hubo un silencio por unos minutos. Odiaba ser la causante de todo esto, yo no pedí estar así, no pedí ser así, no pedí enamorarme, no pedí ... pero si hubiera podido pedir algo, sería tener una eternidad pacifica.
Mi curiosidad fue mucho mayor que el respeto a su privacidad, me acerqué a la puerta entreabierta... ahí estaba la imagen que me destrozó en un parpadeo, me dejó indefensa y atonada el verla llorando por mi causa.
-Encontraremos juntos una solución. ¿Te parece si vamos a verla?
Corrí a la recámara de nuevo y me acosté antes de que sospecharan que los había oído.
Entraron juntos. Ahí estabamos los tres en una misma habitación, tratando de ser fuertes en el interior para nos derrumbarnos en nosotros mismos.
-¿Cómo sigues?- Preguntó mi madre, tratando de ponerme una sonrisa al igual que Carlisle pero a ella solo le salió una mueca.
-Mucho mejor- Mentí.- Siento haberles causado un gran susto.
-Disculpen.- Mi padre salió, dejandonos solas.
-Eres aún muy pequeña, aunque no lo creas. Necesitas protección.
Ahí estaba otra vez la madre sobreprotectora que me desquiciaba tanto; pero por primera vez la comprendí.
-Ya no soy tan pequeña, entiende que he crecido y se cuidarme bien, aunque eso no quite que soy alguien torpe y tal vez me ocasione daños, no siempre voy a poder contra todo. Comprendeme.
-¿Recuerdas?- dijo tomando el relicario que habia tenido conmigo durante tanto tiempo, era parte de mí, como un organo más. -Más que a mi propia vida...
Era el mejor momento con ella. Era también como una promesa, ella cuidaba de mí y yo le correspondería cuidando de ella.
-Te quiero.- Le dije con las palabras llenas de bienestar por tenerla a mi lado.
-Yo a tí.- Ésta vez no hizo una mueca, fue la mejor sonrisa que vi adornar su rostro.

Mi padre volvió llamandonos, estaba apurado.
-Nessie tiene visita, Bella, será mejor que bajes ahora.- Noté que estaba molesto, aunque no por la misma razón por la que lo había estado antes. Era distinto.
-Sí deseas algo avisame... estaremos cerca.
Los dos salieron tomados de la mano, cerraron la puerta. Quedé sola, cerre los ojos de cansancio.
¿Quién me visitaría? Bueno, no tenia tantos amigos como para que alguien viniera, pero...
Abrieron la puerta suavemente, con suma delicadeza.
-Nessie- murmuró aquella voz inconfundible para mí. Abrí los ojos intantaneamente.
-¡¡¡Jake!!!

sábado, enero 30, 2010

XI. Los problemas no son exclusivos del corazón

La luz de las pequeñas arañas de cristal que colgaban del techo en aquél lugar me deslumbraba, a pesar de que era muy leve me resultaba  un torrente lumínico. Lo que menos deseaba era ver la oscuridad, pero eso no era sinónimo de querer quedarme ciega por el efecto contrario.

El tictac del reloj era igualmente estruendoso, más insoportable. Zumbaba en mis oídos y era todo cuando podía escuchar, ese maldito tictac-queo. Mientras una mesera se acercó a donde estaba al percatarse de que alguien al fin ocupaba dicho lugar. Luego de pedir sólo un cuba libre ella regresó a traérmelo.
Bebía lento, no para disfrutar más la bebida o saborearla, más bien para no tener que marcharme prontamente.

En una de las esquinas estaba instalado un reloj de pared al estilo “vintage”, era una única pieza. Estaba tan percudido que apenas se notaba su dorado. Su fondo eran engranes, uno sobre otro y otro. Su tamaño era lo suficientemente grande para que desde cualquier lugar dentro del establecimiento pudieran consultar el tiempo que seguían gastado allí. Yo llevaba apenas cincuenta minutos. Había salido temprano de casa y di varias vueltas pensando en un lugar ideal para pensar. Envidiablemente éste lo era.
Me senté tan apartada de la vista de cualquier persona como pude, justo en un rincón en donde yo podía ver a los demás, pero ellos a mí no. Era un buen sitio para ocultarme de la multitud.
Había escogido para pasar la tarde ir a un restaurante pequeño al azar. La música de fondo era agradable, tenían piezas de jazz. Luego de una media hora que hube llegado, la música de estudio se detuvo para que una cantante comenzara a interpretarla a dúo con un piano. Distinguí algunas notas de The piano man.

Probablemente estar sola en una mesa para dos no era lo más triste en aquellos momentos, ni siquiera era algo que me hiciera tanto ruido. Había parejas que estaban más solos que yo, ensimismados, se miraban, se besaban, se sonreían con discreción, pero no, en definitiva no se amaban. No había en ellos emoción, ninguna llama, su interior era un invierno.

Sentí la mirada de alguien, volteé para observar quién posaba sus ojos en mí. A dos mesas de donde me hallaba había un tipo que igual venía solo, su facha era muy casual, llevaba una camisa negra y pantalones de mezclilla. Cuando se percató de que lo vi sólo bajó la vista. Luego volvió a mirarme y se la sostuve un momento, después lo barrí. Yo seguí tomando mi bebida, estaba tan harta como para estar pensando en cualquier otra persona, desconocida además.
—Disculpa…
¡¿Qué?! El tipo de la mesa contigua estaba justo delante de mí. ¡Carajo!
—¿Sí?
—Veo que estás sola, y bueno, sólo me preguntaba si me permitirías acompañarte.
—En realidad no me molestaría pero… —antes de terminar él se sentó, yo puse los ojos en blanco y continué— pero estaba intentando alejarme de los demás, como sea ya te sentaste,
—Lo siento, aún puedo irme si lo deseas.
—Da igual, ya estás aquí.
—Al menos déjame prendarte con tu nombre como ya lo hice contigo— reí por lo absurdo.
—Renesmee.
—Tu nombre es hermoso. Mucho gusto— me tendió su mano para estrecharla pero me le quedé mirándola por lo suficiente tiempo para que él la apartara.
—¿Es ese es protocolo, no? Decir lo mismo al presentarse, siempre. Vamos, todos lo hacen, no esperes que yo igual. ¿Cuál es tu nombre?
—Lo digo enserio. No por nada sentí una atracción hasta ti… Soy John.
—John…
—¿Por qué has venido sola a éste sitio?
—Es un buen sitio para toparse con los hombres equivocados. Pero no, no estoy interesada en algo, así que prefiero desilusionarte de una buena vez.
—Me gusta tu cinismo. Salgamos otro día, si no estás de humor hoy. ¿Qué tal?
—En verdad no me interesas.
Tomé mi bolso que yacía a lado mío y luego de pagar la cuenta salí furiosa del lugar. Caminaba con rapidez, pero al parecer el sujeto me seguía, yo iba con la vista hacia el suelo, me topé con alguien a quien golpeé por descuido al caminar. Pero en cambio esa persona fue quien se detuvo y me pidió disculpas al momento en que me tomó de un hombro.
—Disculpa… ¿Renesmee?
Mi cara de perplejidad era evidente, recordaba a dicho hombre pero no cómo se llamaba. Ni siquiera de dónde le conocía. Era algo alto, de tez morena y cabello largo color negro, lo llevaba recogido en una coleta.
—Soy Nahuel. No me recuerdas, ¿cierto?
—Lo cierto es que no, no te recuerdo.
—Lo sé, y no deberías. Sería sumamente raro que sí, igual eras muy pequeña como para dejarme en tu mente. Pero vaya que tu hermosura deslumbra…
—Lo siento, llevo prisa.
—También voy a casa de los Cullen.

La plática fluyó, él intentaba que pudiese recordarle, al perecer él me conocía muy bien, de forma superficial por supuesto. Conocía tanto como conocía de él mismo. Que era muy poco. Luego fui recordándolo al saber que era aquél semi humano y semi vampiro que les hizo saber su historia a mis padres. Lucía bien, no como me lo contaban. Y sí, en vano pasaba el tiempo para él, al menos físicamente, eran 157 años los que llevaba en vida, si es que era vida lo que tenía.
Me aseguré de dejarlo en casa y de que se entretuvieran hablando con Nahuel. Salí en busca de Jake. Si la montaña no iba a Mahoma, ni siquiera en forma de deslave, Mahoma iría a la montaña. Yo iría a Jacob.
Dos semanas enteras habían pasado desde el incidente de la imprimación, casi trescientas treinta y seis horas. Nadie pidió tiempo, nadie advirtió un alejamiento, nadie dijo que el amor se puede sobrellevar con la distancia, nadie dijo que los vacíos no siempre se cierran con el tiempo, a veces el vacío se va acrecentando hasta jalarte a ti dentro. Te vuelves mera oquedad.
No esperaba encontrarlo, mucho menos que deseara hablar. Pero me sobrevivía la esperanza, yo pendía de ese único hilo.
Toqué la puerta leve, luego de la desesperación fue más fuerte, sentía como la madera de la puerta golpeaba más a mi mano de lo que yo golpeaba a ella. Me hería.
Tomé el volante que se prendía de la ventana adyacente y saqué una pluma que de casualidad metí en mi bolsa, le escribí:

Ojalá estuvieras conmigo, o que tan sólo  estuvieras aquí. A estas alturas quizá sea estúpida al buscarte, ¿cierto? Disculpa las molestias que te causo…
Renesmee.


Lo doblé cuidadosamente, y lo desdoblé enseguida, lo releí y de forma tonta lo destrocé allí mismo, los pedazos del papel quedaron justo frente a su puerta. Luego me marché.



—¡Despierta! —era la voz de mi mamá.
—¿Enserio debes gritar?
—¿Y tú dormir tanto?
Enseguida mi madre se acercó a mí, buscó entre las sábanas una de mis manos y la tomó. La abrazó con fuerza. En su cara había una media sonrisa.
—Alístate y ve con tu padre, no hay tiempo.
Podía jurar que su voz se oía algo extraña; triste quizá... era menos dulce de lo normal, su timbre era diferente. Además había dicho tiempo. ¿No hay tiempo? Era algo que teníamos de sobra, era absurdo siquiera pensar lo contrario. Eso me hizo reaccionar de sobremanera, me levanté en un segundo para alcanzar mis pantuflas y un suéter.
—¿Qué ocurre?
—Hazme caso—me dio un beso en la frente y salió por la puerta sin más explicación. O le gustaba el misterio o el hacerme sufrir.
Obedecí y después bajé a la sala con mi padre. Se encontraba ahí toda mi familia hablando muy bajo, casi susurrando, murmuraban entre ellos como diciendo algo de lo que nadie debía saber, al percatarse de mi presencia todo fue silencio y una expresividad de piedra.
—¿Qué está pasando, papá?
Ni él ni los demás se molestaron en contestarme. Ese silencio me daba escalofríos. Mi padre se incorporó para mirar a Alice mejor quien estaba al frente suyo.
—¿Pudiste ver algo más, Alice?
—No.
—Pero sabes entonces ya qué es lo que buscan.
—No exactamente, sólo sé que es por Ne…
—Lo sé— interrumpió mi papá en voz muy alta, como si quisiera que yo no lo escuchará.
Eso me hacía creer que según mis deducciones, todo tenía que ver conmigo. Igual existía la posibilidad de que se preocupaban por mi reacción adolescente.
Mi padre se levantó del sofá al ver a mi mamá entrar a la habitación y fue a su lado. Salieron del cuarto por unos minutos, mientras los demás seguían disimulando no saber y pretendiendo no querer haberlo sabido. Me hubiera gustado en ese momento poder leer su mente, era mi único recurso para enterarme de algo.
Observé a todos uno por uno, me ponía tensa a cada segundo. Mis trémulas manos se ocultaban tras de mí, y un dolor de cabeza horrible me molestaba. Deseaba poder arrancármela.

Me recargué en mi tía Rose, ella no dijo nada, solo me abrazó suavemente, como se abrazan a las personas en una despedida, como cuando se espera seguir teniendo a la otra persona pero no a cambio de retenerla contra su voluntad. Me tomó en brazos, enseguida me arrebató mi padre llevándome de nuevo a la recámara. Acomodó mi almohada y me recostó quedándose el parado a un lado. Fue al ventanal a cerrar muy bien las persianas.
—¿Por fin me dirás qué diablos sucede?
—No le veo el caso en que lo sepas, ni siquiera tiene importancia, y te estás adelantando a los hechos.
—Quiero saberlo. Deja de ponerme tan estúpidos pretextos, algo no anda bien y lo sé.
—No deseo preocuparte por algo tan ilógico como esto.
—¿Debo estarlo?
—¡Basta! No preguntes —se rehusaba a darme una explicación.
—Sé que es todo sobre mí.
—Tú no sabes nada, no puedes entender nada, Renesmee.
—Si no me lo dices tú, lo averiguaré de cualquier manera, y si soy yo la cuestión, no veo por qué ocultármelo. Ya bastante tengo con soportarme. Si creen que no decirme nada hará que nada me pase, se equivocan, lo hacen más probable.
—Bien, Nessie, no sé cómo, ni por qué. Nahuel estuvo aquí para advertirnos… Y Alice tuvo una de sus visiones acerca de lo mismo. Los Vulturi.
—¿Los Vulturi? ¿Esos arrogantes?
—Vendrán. Están llenos de rabia, de envidia… sin razón.
—Vienen por mí, ¿verdad?
—No tengo idea.
—¡Lo sé! ¡Es por mí! Lo siento, me lo dice su inútil silencio.
—No es verdad, Renesmee.
—¡Deja de mentir!
Suspiró.
—Están buscándote. No sé por qué razón, esto lo pasamos cuando naciste, creían que eras un peligro, pero nada de eso. No sé qué pretendan, pero te protegeré con la vida, sin importar nada.
—Papá, no… No quiero que tú o los demás… No deseo eso.

Traté de hablar pero mi boca no pudo sacar sonido alguno. Jamás había vuelto a pensar en ellos, de hecho ya tenía demasiado tiempo sin escuchar aquel nombre. Siempre habían estado cerca de nosotros, esperando este momento para volver.
Deseaba pretender que no me importara pero no me era posible.
Quería entender por qué ellos vendrían ahora y por qué yo era la razón. Pero, no era todo tan malo. Tenía a Jake. ¿O quizá ya no? Él era todo lo que necesitaba. En la penumbra de la oscuridad es todo lo que mis ojos percibían. Aquella imagen me daba fuerza; aunque pasasen mil tormentas, me apedrearan, me pisotearan... seguiría en pie. Sólo por él resistiría hasta el fin de mi existencia.
—Tal vez pueda irme de aquí, lejos. ¿Queda aún tiempo?
—Unas horas a lo mucho.
¿Horas? Eso no me venía bien, era aventarme un balde de agua fría.
—Estás pálida, Nessie. ¿Me escuchas?

Lo escuchaba cada vez más lejos, hasta que no le oí en absoluto.

lunes, enero 04, 2010

X. Sentimientos Encontrados.

No tenía muchos deseos de volver a casa pero correr sin dirección alguna no era una opción viable. Al final me cansaría, y no habría conseguido nada más que alejarme de los otros, no de lo que llevo dentro de mí. Es imposible correr de ti misma, como también lo es el ocultarte del amor que sientes.

Probablemente  mi familia ya habría llegado, ni ganas tenía de pensar en lo que dirían cuando vieran mi aspecto. Iba empapada, luego de ver a Jacob partir me sumergí en el agua por un largo rato. Perdí la noción del tiempo. Mis manos ya se veían arrugadas tremendamente. Estaba hecha un desastre. Había llorado, me había desesperado…
De todas formas eso no era lo peor, mi padre tarde o temprano se enteraría de lo que había ocurrido horas antes. Mis pensamientos no podían evadir mi sentimentalismo.
Mi padre siempre estaba metido en los pensamientos de los demás, aunque no lo quisiera, le era inevitable y desde luego, mi madre también lo sabría, ella sí se pondría furiosa de verdad.
En sí no me importaba mucho lo qué llegara a opinar mi familia, no les haría caso de cualquier manera, ¿y además qué? No era tan malo. Jake no me había hecho nada. Era yo misma quien me lastimaba por no poder aclarar mi pensar, mi razón era lo más irracional que tenía encima.
Me bastaba pensar en que mis padres, más aún mi madre incontrolable y un tanto bipolar, lo lastimase, eso sí me acobardaba en exceso. Esa era mi preocupación. Él… Tal vez si yo hablase con mi madre antes de que lo supiera por su cuenta, lo entendería. Y me haría entenderme a mí también. Me resultaba agradable hablar con ella, pero ahora no sabía con quién hacerlo. Cuando no acudía a ella, solía hablar con Jacob. Pero cómo hablar de él consigo mismo. Era un absurdo.

La noche ya había caído, yo apenas si era consciente de ello. Tuve que mirar varias veces al exterior de mis inquietudes para ver que a pesar de todo, la luna podría brillar. En realidad no era ella quien tenía su luz propia, era el sol quien le daba un poco de ésta. Él estaba con ella aunque pareciera que no lo estuviera. Tal vez la luna se sintiera sola, o tal vez estaba enterada de que no era así.
Seguramente muchos poetas escribirían bellos poemas en noches como ésta, pensé…

Sólo esperaba que Jake regresara pronto. Sino yo iría a buscarle, así me llevase toda la vida…
¡Qué tonta! Antes debía poner las cartas sobre la mesa, entender total y abiertamente mis sentimientos hacía él. No quería equivocarme, no con él.
Tenía que meditarlo detenidamente una y otra vez. ¿Qué hubiera pasado si mi crecimiento hubiese sido lento, como el de cualquiera? ¿Me habría esperado tanto? Algo decía que sí, que así era como funcionaba. Pero eso de estar predestinados me daba escalofríos, tal vez lo que yo sentía por él era forzoso que lo sintiera. Cómo saberlo.
Pero lo cierto es que era algo más, algo diferente. No ocupaba un lugar cualquiera en mi corazón…

Caminé lento, lo más lento posible, intentaba no llegar a casa a ese paso. Deseaba retrasar mi encuentro infortunado con ellos.
El cielo comenzó a nublarse y se escucharon varios ruidos como rugidos, fuertes, cada vez más fuertes. Eran seguidos de pequeñas gotas de agua que se tiraban a matar desde las nubes, chocaban estrepitosamente en mi cara, también me mataban pero de forma dulce. Ni lo sentía siquiera. Las gotas se fueron haciendo de mayor amplitud, obligándome a correr para hallar un refugio.
Era extraño, me sentía vacía y no sabía hacia dónde dirigirme…
Comprendí que cuando estaba sin Jake me sentía incompleta, era como estar en un callejón oscuro y sin salida. Siempre me resultaba tan difícil alejarme de él. ¿Por qué?

Mi mente me daba vueltas, como un carrusel infernal del que intentaba bajar pero el miedo a caer era mayor que el de mantenerme ahí por la eternidad.

Caminé tratando de entender a mi propio ser que era confuso. La lluvia se iba calmando, me gustaba tanto la sensación que dejaba al irse. Lo húmedo de la tierra, el rocío reposando sobre las hojas de los árboles y el aire fresco.

Faltaban escasos metros para llegar a casa. Me detuve y suspiré deseando que no estuviera nadie en ella, ojalá tardasen más tiempo, así podría meterme a la ducha y cambiarme, arreglarme y hacer cualquier cosa que me impidiese pensar en Jake. En todo.
Al estar frente a la puerta me detuve a escuchar si había alguien, pero nada. Ningún auto estaba fuera tampoco. Abrí y entré. Para mi gran alivio no estaba nadie.
Quería dormir y relajarme por completo, era lo que necesitaba. Aguardé unos minutos más esperando que alguien apareciera, intenté ir a la cocina para comer pero ni eso me animaba, estaba tan falta de entusiasmo. Tuve tiempo para preocuparme por mi familia y por ese tonto e impulsivo licántropo…
Sobre todo por él, tenía mucho miedo de que algo llegara a pasarle, en ocasiones era impulsivo y un tanto terco.
Tal vez ya se encontraba en La Push o tal vez seguía vagando en el bosque, corriendo de él como yo lo hacía. Luego se percataría de lo mismo que yo.
Tenía ganas de llamarle a su casa pero el temor a que Billy me contestara y a que le dijera que no estaba conmigo lo alarmaría si Jake no se encontraba con él. Sólo me quedaba esperar que no se metiera en problemas como acostumbraba. Eso era lo suyo, casi un hobbie.

Me senté un momento en el sofá, acomodándome de tal forma que pudiera dormir un poco. No pude. Abrí los ojos para darme cuenta que algo en mí, como una llama, se encendía y era más intensa al recordar a Jacob, al pensarlo, al extrañarlo de esta forma taciturna.
Cuánta confusión recae en el amor, cuántos lazos enredados, cuántas sonrisas y cuántas desesperanzas. Cuánta espera.
Nunca nadie me lo había explicado como era debido y aunque siempre había leído historias sobre enamorados y canciones que hablaban sobre aquello,  yo no comprendía su finalidad. ¿Acaso tenía alguna? ¿Qué era exactamente lo que implicaba amar a una persona? ¿Qué? Debía ir más allá de sólo la agradable sensación que deja, más que sólo una simple necesidad del otro porque después de todo pareciera ser mera conveniencia. No, el amor no era eso. El amor debe ser otra cosa.

Jake siempre me había tratado como una hija, como hermana, como amiga, como cualquier papel que pudiese tomar. A eso se refería cuando dijo que se adaptaría a mí. Pero no lograba entender…

“Ding Dong”

El sonido del timbre de la puerta me hizo evadir los pensamientos que flotaban indulgentes en mi mente.
—¡Enseguida voy! —grité desde el otro lado de la puerta.
Corrí para abrir y al hacerlo me encontré con mi tía Rosalie, sólo ella, ni mis padres, ni mis abuelos, ni mis otros tíos. Ella. Mi salvación.
—¡Oh! Gracias Nessie… creo qué perdí mi llave—dijo buscando aún en su bolso, hasta que se rindió.
—Ya la encontrarás, lejos no ha de estar.
—Sí, supongo, sino tendré que tirar la puerta—Soltó una risita.
—Ni se te ocurra, por cierto, ¿y los demás?
—No lo sé, me adelanté a casa. Algo me dijo que debía llegar ya, y aquí me tienes.
—Entiendo, y vaya que te necesito—suspiré.
—¿Te ocurre algo? — dijo Rose al mismo tiempo en que colgaba su abrigo negro para dejar lucir su nívea piel por encima de su atuendo, lo dejó en el perchero y me miraba preocupada, con suma intensidad, como si tratase de meterse en mi cabeza a través de mis ojos.
—No es nada, es decir, no es la gran cosa—respondí negando con la cabeza.
—Pues a mí no me engañas, ya deberías saberlo—se acercó a mí y me tomó de las manos— Sabes que te quiero mucho y que eres como una hija para mí Renesmee, ténme confianza, si puedo ayudarte, ni dudaré una sola vez.
—Lo sé—dije interrumpiéndola— es sólo que ni yo misma logro entenderlo y no sabes de qué manera me frustra.
—Ven.
Me dirigió hacia la sala y me senté frente a ella. Ella cruzó una pierna y yo me acomodé como si el sillón fuese un diván y ella una psicóloga.
—¿Qué es lo que pasa?
Dudé en decirle que era sobre Jake o decirle que sólo sobre “un amigo” uno cualquiera del que no sospechara. Para mi mala suerte no tenía tantos amigos como quise en tal momento, no había una gama variada de posibilidades. Pero era mejor que ni ella lo supiera porque no estaría a salvo mi secreto en su mente, ya bastante tendría con controlar el mío.
—Bien… es sólo un amigo. Hoy lo vi por casualidad mientras estaba en la playa, conversamos un rato, transcurría con naturalidad la tarde hasta que debió confesarme algo. Me confesó algo que ni yo me esperaba… Me dijo que me amaba. Más que eso—dije repitiendo las palabras de Jake.
—¿Cuál es el problema?
—Ése es el problema, que no tengo idea de lo que yo siento por él de forma concreta, creí saberlo, luego creí que le correspondía pero… la situación cambió completamente. No deseo malinterpretarme a mí misma, sería el súmmum de la estupidez. No sé qué es el amor. No comprendo si lo quiero como un amigo o como algo más. O sólo lo quiero porque él me quiere igual… No sé diferenciar tales situaciones. Me confunde demasiado qué decisión tomar respecto a esto, no sé ni qué respuesta razonable darle cuando lo vea de nuevo...
—Te entiendo— asintió con la cabeza— no es sencillo. Y pensar que me equivoqué tanto…  Verás, yo solía creer amar a Royce, pero nunca fue amor, no pudo serlo. No había sentimientos de por medio. La atracción física no lo es todo, ni el ver sólo las virtudes. Cuando te enamoras de verdad, eres consciente de su ser, le aceptas y le amas como es… Trataré de explicártelo. 

No entendía aún, sí, eso era algo pero no englobaba todo, mi tía al ver mi cara de perplejidad continuó.

—Cuando conoces a la persona indicada se produce en ti el sentir más bello, el más insensato y desconocido. De él te agradará su fisonomía y su actitud, al verlo puede que llegue el nerviosismo. Pero, bueno, yo no viví este tipo de cosas. Pero lo he visto, vi el amor tantas veces... Y Nessie, tú sentirás al amor como cualquier humano lo sentiría, puedes sonrojarte y tu corazón palpita, cerca de él lo hará acompasado pero rápido a cada instante. 

No le había tomado mucha importancia a las palabras de mí tía hasta que pronuncio aquello. Sí, mi corazón siempre latía fuertemente cuando estaba con Jake. Ahora era mucho más frecuente, casi una costumbre de aquél  órgano mío.
Justo como la vez que accidentalmente había caído encima de él… Me había sonrojado y mis latidos habían aumentado.
—Reacciona.
—Perdón— volví a captar mi atención sólo en ella.
—¿Sabes? Creo que puede que no difiera tanto tu sentir más humano al nuestro, sin reacciones corporales y hormonales. Cuando me refiero a encontrar a la persona indicada, quiero decir a alguien que no necesariamente pensará en ti todo el día, sin embargo, será el pensamiento más importante; alguien que comparta su vida contigo, alguien para quien no haya “tú” o “yo” sino un “nosotros”. Amarás cuando le ames por lo que es, por la complejidad de su ser, y no porque él te ame intensamente. Al final lo sabrás tú misma, lo sentirás dentro de ti, sólo escucha a tu corazón. Tú que puedes hacerlo.
—Rose, es lo más bello que alguien haya podido decirme— corrí a abrazarla. Ella me acarició el cabello— Me siento cansada, discúlpame, he tenido demasiados sentimientos encontrados justo hoy, ya no aguanto uno más— me aparté y ella sólo me dedicó una sonrisa tranquilizadora.
—Sé que lo has comprendido.
Me marché al dormitorio. Estaba nuevamente sola, pero llena de serenidad. La vida, mi vida no podía ser tan mala. Nunca lo había sido. Pero yo era tan joven para saberlo.